La Receta Costarricense de 200 años

by | Sep 15, 2021 | Artículos, GLC Abogados

Cuando yo cursaba la escuela en los años 80s, leía con tristeza que nuestro país era una economía meramente agrícola y que nuestros productos carecían de valor agregado, lo que nos colocaba en la lista de países del Tercer Mundo. Luego, viajaba a nuestras salvajes playas con la familia y me preguntaba qué turista o extranjero iba a querer venir a estos montazales que abundan por todo lado en contraste con las preciosas playas de Miami con ciudad.

En aquellos momentos a todos los productos hechos en Costa Rica se les debía incluir América Central en la etiqueta/en el empaque para que la gente pudiera más o menos ubicarse a dónde quedaba nuestro país. Luego, para poder explicarle a un extranjero de nuestra ubicación teníamos que explicarle que estábamos entre Nicaragua y Panamá, ambos vecinos mucho más conocidos en aquel entonces.

Yo soñaba con que de alguna forma Costa Rica se convirtiera en un país conocido a nivel mundial y que dejáramos de lado la etiqueta de banana republic. Quizá si encontrábamos petróleo, o anexándonos a Estados Unidos, para mí era la única manera.

Lo que nadie sospechaba es que, de forma orgánica, sin ser producto de ningún Plan Maestro de algún sabio gobernante, ya se venía gestando lentamente un posicionamiento de la Receta Costarricense a nivel mundial. Desde tiempos precolombinos donde las sociedades ancestrales estaban organizadas de forma no piramidal, luego pasando por el igualitarismo tendencial que nace en la Colonia al ser la más olvidada provincia de España, surge una nación única, caracterizada por su idiosincrasia de trabajo e igualdad.

Poco a poco el mundo fue descubriendo a este país que resulta una excepción en una región desigual y convulsa. Costa Rica se convirtió por su belleza natural, estabilidad social y política, ubicación estratégica y su compromiso con el ambiente en uno de los principales destinos turísticos de la región.  Nuestra economía creció y la inversión en educación, producto de la natural decisión de abolir el ejército, hizo posible que nos convirtiéramos en una potencia en atracción de Inversión Extranjera Directa (IED), lo que posibilitó el surgimiento de una importante tecnocracia que ha mejorado la calidad de vida de miles de costarricenses.

Basándonos en el relato anterior, podemos inferir que nuestro país no fue diseñado para recibir turistas ni inversionistas extranjeros, sino que fue producto de cientos de años donde la Receta Costarricense se desarrolló. Esto presenta ventajas como lo son las sólidas bases de nuestra democracia y retos para ser aún más atractivos y estratégicos ante el mundo globalizado.

Desde la industria de los servicios legales, he sido testigo de cómo un inversionista, quien ha escogido a Costa Rica por encima de muchos otros países, debe someterse a un burocrático proceso para obtener su residencia y esto implica hacer fila en instalaciones propias del Tercer Mundo, detrás de personas que aplican para obtener su permiso de seguridad privada para poder trabajar como guardas privados.

Hoy en día nuestras mejores zonas turísticas aún carecen de modernos planes reguladores para que no tengamos que ver las típicas chatarreras en calle principal, sin contar con una cerca obligatoria para reducir la contaminación visual y soñemos cuando la electrificación subterránea sea la norma, al menos en los lugares más paradisiacos.

Esto solo para hablar de pequeñas mejoras cosméticas que podrían significar un avance para nuestra infraestructura y ornato de cara a cuidar a esta tierra que es nuestra patria.

¿Qué podemos hacer? Creer en nuestra excepcional Receta Costarricense, primero conocer lo que nos hace diferentes para luego poder valorar lo que tenemos. Pero, sobre todo, debemos compartir una visión de país que le apuesta a sus rasgos intrínsecos para poder insertarse cada vez más como un ejemplo de desarrollo en Latinoamérica. Eso implica que cada uno, desde su situación particular, debe contribuir con pequeñas obras diarias para mejorar su entorno y no esperar que ningún gobierno le regale nada.

¡Feliz Bicentenario Costa Rica!

 

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